Fernando Abraján / @FerAbrajan1
Hay gobiernos municipales que construyen caminos y obras. Y hay otros que “construyen” algo más moderno: obras invisibles. A eso hay que agregar que algunos alcaldes parecen estar más ocupados en hacer business y buscar la reelección, que en hacer un gobierno que atienda peticiones y resuelva los problemas de la población.
Y parece que esto último es el caso de Acatlán de Osorio. La gestión de Guadalupe Lucero Bárcenas enfrenta una crisis política que la tiene en la antesala de su destitución. La situación dejó de ser pleito de Cabildo porque llegó al Congreso del Estado, a la Auditoría Superior del Estado, a la Segob y ahora a la cancha de los partidos de oposición.
Los números son incómodos, pero realistas y reveladores. El PAN denunció dos presuntas obras fantasma por más de 1 mdp. Mientras que medios periodísticos documentaron otro pago por 1 millón 109 mil pesos para la rehabilitación de un camino que, según regidores e inspectores, no se habría ejecutado. En total, son más de 2 mdp involucrados en tres obras cuestionadas. Entonces ¿dónde quedó el dinero y dónde quedaron las obras? La vaguedad en el uso del dinero público, es otro dique que pesará en el futuro de la alcaldesa.
Pero el infierno político y social que vive Acatlán no termina solo en el dinero. Regidores y el síndico solicitaron al Congreso del Estado intervenir ante acusaciones de opacidad, imposición, amenazas y falta de diálogo. El Cabildo incluso aprobó solicitar la revocación de mandato de la alcaldesa.
Sobre esta crisis el gobernador Alejandro Armenta y el titular de Gobernación, Samuel Aguilar, rechazaron omisión. Ambos dijeron que las auditorías y las investigaciones en este caso continúan y con base en los resultados se determinarán las responsabilidades. El mandatario pidió diálogo y dijo que nadie tiene pase de impunidad, sin importar amistad, compadrazgo o cercanía política. Eso es importante.
En tanto la alcaldesa, cuyo rating está por los suelos, sostiene que los señalamientos en su contra obedecen a intereses políticos y a grupos que perdieron privilegios. Puede ser posible, pero precisamente por eso debe investigarse todo.
Si las obras existen, que se demuestre. Si fueron pagadas y no ejecutadas, que se sancione. Si hubo desvío, que se recupere el dinero. Y si las acusaciones son falsas, que también haya consecuencias para quienes las fabricaron.
Gobernar no es administrar una caja chica ni convertir el Cabildo en ring de boxeo. Mientras que las obras públicas no necesitan buscarse con lupa y brújula si no existen.
En resumen, Acatlán de Osorio necesita gobierno, no espectáculo. Necesita auditorías transparentes, resultados verificables y decisiones institucionales por el bien del municipio. No se necesita un pueblo enfrentado con su alcalde o un edil que solo busca su beneficio.
El año electoral ya inició y el ambiente en Acatlán no solo puede afectar al municipio, sino a todo el distrito en donde el partido Morena tiene ventaja y aunque el riesgo de perder comicios es menor, al final Guadalupe Lucero Bárcena sí podría meter en complicaciones al mismo partido que la postuló, es decir a Morena.
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