En La Resurrección, al norte de Puebla capital, preservar las semillas de maíz nativo se ha convertido en una lucha que va más allá de la agricultura: productores buscan mantener un legado familiar mientras enfrentan bajas cosechas, mayores costos y pocas ganancias por la venta de sus productos.
Bertha Francisca Báez, agricultora de 53 años, resume el problema: “Solo producimos para conservar nuestras semillas; en el campo no tenemos ganancias”. La productora explicó que en las últimas temporadas su rendimiento cayó de hasta cuatro toneladas a apenas una tonelada de maíz por hectárea.
La reducción de la producción también ha repercutido en el precio del grano. De acuerdo con Bertha, en las últimas dos semanas el kilo de maíz pasó de 7 a 11 pesos, incremento que también impacta en la elaboración y comercialización de tortillas.
La agricultora combina el trabajo en el campo con la venta de tortillas en los mercados Venustiano Carranza y 5 de Mayo, actividad con la que sostiene a su hija y nieto. Sin embargo, aseguró que los precios que reciben por sus productos no compensan el trabajo que implica producirlos.
Durante la Feria del Maíz, realizada este 27 de septiembre en la junta auxiliar, alrededor de 20 productores y productoras expusieron sus cosechas y alimentos elaborados a partir del grano, entre ellos tortillas, tlacoyos, atole, pinole, pan y otros derivados.
La recuperación de las semillas criollas comenzó hace aproximadamente cuatro años, ante el avance de variedades híbridas y el uso de fertilizantes y pesticidas químicos. Productoras como Bertha, Carmen Ramos y Dulce García buscan mantener las semillas heredadas de sus bisabuelos y transmitir su conocimiento a las nuevas generaciones.
Carmen Ramos explicó que en la zona cada vez más agricultores utilizan maíz híbrido, por lo que su familia participa en la conservación del maíz criollo. También señaló que los integrantes de la Escuela del Campo utilizan abonos orgánicos desde hace cuatro años como alternativa a los productos químicos.
Para estas productoras, conservar las semillas también significa mantener una tradición familiar. Carmen señaló que el conocimiento ha pasado de bisabuelos a abuelos, padres e hijos, por lo que ahora buscan que las nuevas generaciones continúen con la siembra.
Dulce García agregó que en la junta auxiliar todavía se cultivan hasta 25 variantes de maíz de distintos colores, además de calabaza, frijol y árboles frutales, principalmente para autoconsumo. Sin embargo, advirtió que uno de los principales retos es el desinterés de algunos jóvenes por continuar trabajando la tierra.
Actualmente, alrededor de 25 agricultores participan en la Escuela del Campo, donde reciben capacitación sobre conservación del maíz criollo y elaboración de productos derivados de las cosechas. Las productoras también pidieron a las autoridades mantener y ampliar los apoyos para que preservar las semillas no implique trabajar el campo sin obtener ingresos suficientes.
Con información de: Productores de La Resurrección luchan por preservar el maíz nativo pese a las bajas ganancias – El Sol de Puebla


