La transformación del servicio de agua en la capital poblana ya deja huella. Con una gestión que combina eficiencia técnica y cercanía social, el director general de Agua de Puebla, Jordi Bosch Bragado, presentó ante el Congreso del Estado los avances alcanzados durante 2025, en el marco de una nueva etapa marcada por la transparencia y la atención directa a los usuarios.
Desde su llegada, Bosch ha impulsado un proceso integral de modernización: 210 pozos activos, seis plantas potabilizadoras y más de mil 500 mantenimientos realizados a equipos de bombeo permitieron elevar la presión en la red. Hoy, 269 colonias reciben agua al menos cuatro días por semana, una mejora que no se veía en años recientes.
Pero el cambio no solo se mide en litros o cifras. Con la creación de la Gerencia de Vinculación Social y Defensa del Ciudadano y del Agua, la empresa ha llevado sus servicios directamente a las colonias mediante Caravanas del Agua y Acuamóviles, atendiendo más de 2 mil 500 solicitudes en campo. El resultado: 12% menos quejas por falta de agua y una reducción de 34% en los tiempos de respuesta.
Durante el periodo 2022–2024 se invirtieron 2 mil 95 millones de pesos en infraestructura hídrica, y se proyectan otros 795 millones para el trienio 2025–2027. Las obras incluyen sectorización, saneamiento y nuevas fuentes de abastecimiento, todas alineadas con el Plan Hídrico Nacional de Rescate del Río Atoyac.
El director destacó también el enfoque social de la institución: más de 75 mil usuarios reciben apoyos, entre ellos personas adultas mayores, con discapacidad o enfermedades terminales, además de 37 tarifas preferenciales para instituciones de asistencia.
“Estamos transformando a Agua de Puebla en una empresa con rostro humano: eficiente, cercana y comprometida con el bienestar de las familias poblanas”, expresó Bosch Bragado.
En coordinación con el Gobierno del Estado, el SOAPAP y la CONAGUA, la empresa ha fortalecido su capacidad de respuesta ante contingencias como la reciente crecida del Atoyac, atendida en menos de tres semanas.
Con estos avances, Agua de Puebla inicia una etapa en la que el servicio deja de ser solo una obligación técnica para convertirse en un acto de confianza y justicia hídrica.


